
Esto ocurre porque dormir de manera insuficiente reduce el metabolismo entre un 8-10%, es decir que el cuerpo gastará menos energía que lo que gastaría si durmiera la cantidad de horas necesarias. Distintas investigaciones científicas han observado, además, que las personas que duermen menos horas parecen preferir los alimentos que contienen más calorías y carbohidratos, con lo cual, son más propensas a comer en exceso diariamente y por ende a aumentar de peso.

La Doctora Virginia Busnelli, médica especialista en nutrición y directora médica de CRENYF nos explica que “las horas de sueño son las que mantienen un equilibrio saludable de la hormona que nos hace sentir hambre (la grelina) y de la que nos hace sentir llenos (la leptina).”
De tal modo que cuando no se duerme la cantidad de horas suficientes y de forma continua, el equilibrio se pierde y la concentración de grelina aumenta y la de leptina disminuye. “Esta desregulación hormonal genera que se tenga más hambre a diferencia de cuando uno ha descansado bien” aclara Busnelli.
Asimismo, el sueño influye en la forma en que el organismo reacciona sobre la insulina (la hormona que controla la cantidad de glucosa en la sangre); la falta de horas de sueño o un sueño de mala calidad, provoca una concentración de azúcar en la sangre más alta que la normal, con lo cual puede aumentar el riesgo de sufrir diabetes o empeorar su evolución.
otro lado, la falta de sueño puede ser una pérdida de energía real, haciendo que te sientas incapaz de hacer frente a muchas actividades del día siguiente. Esto tiene el potencial de crear un círculo vicioso de deterioro de la salud. Las personas que han dormido mal tienen menor probabilidad de ser físicamente activas, lo que deriva en un menor gasto de energía.
“Si al aumento del apetito y el deseo de comer, se une la reducción de la actividad, se hace evidente el importante papel que el sueño puede jugar en la gestión del peso corporal.”
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